El escritor imagina un estadio lleno de cada persona fiel que nos ha precedido — Abraham, Moisés, Rut, David y miles más — observando mientras corremos nuestro tramo de la carrera. Su ejemplo no es un reproche sino un aliento: si ellos perseveraron, nosotros también podemos. Y corremos no mirando a la multitud sino fijando nuestra mirada en Jesús, quien trazó el camino y ya cruzó la línea de llegada.
Jesús, fija mis ojos en Ti hoy mientras corro mi carrera — déjame soltar todo peso y avanzar en fe.
Por
Scripture Lives